La película Buda explotó por vergüenza muestra la angustiosa
historia de una niña afgana de 6 años llamada Baktay, en su intento por ir a la
escuela. En un país donde el derecho a la educación es un aspecto sombrío, en
ocasiones recibido sólo por el hombre.
Presenta la conmovedora situación de los niños afganos, como
hijos de la guerra que han visto desde pequeños escenas violentas
protagonizadas por fusiles y desalojos. Entre todos esos hechos trágicos y
lúgubres, aparece el deseo innato de una niña pequeño por ir a la escuela, para
así aprender a escribir, a leer y a un sinfín de acciones.
Esta película nos lleva a una profunda reflexión sobre la
guerra, la pobreza y la falta de medios en países en guerra como Afganistán.
Nos hace caer en la cuenta, de lo privilegiados que somos, simplemente por
vivir en la normalidad, pudiendo recibir una buena educación y sin tener
conflictos en nuestro país, hecho al que muy pocas veces le damos importancia.
La igualdad es un valor universal que se constituye como un
derecho, una condición personal, un estado ante la sociedad y, en el peor de
los casos, una aspiración o meta.
Éste es el caso de esta película, que refleja la crueldad
machista y la penuria de la sociedad Afgana, fastidiada por una creencia
religiosa exacerbada (el de los Talibanes) capaz de transmitirse con gran
permeabilidad entre generaciones en forma de “educación familiar y social”, que
perpetúa los odios y las injusticias para con las mujeres.
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